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La iglesia
La iglesia es la comunidad de los creyentes que
confiesan que Jesucristo es el Señor y
Salvador. Manteniendo la continuidad con el pueblo
de Dios de los tiempos del Antiguo Testamento,
se nos llama a separarnos del mundo; y nos reunimos
para adorar, para tener comunión los unos
con los otros, para ser instruidos en la Palabra,
para la celebración de la Cena del Señor,
para servir a toda la humanidad, y con el propósito
de proclamar a todo el mundo el Evangelio. La
iglesia deriva su autoridad de Cristo, quien es
la Palabra encarnada, y de las Escrituras, que
constituyen la Palabra escrita. La iglesia es
la familia de Dios; sus miembros, que fueron adaptados
por él como sus hijos, viven en base al
nuevo pacto. La iglesia es el cuerpo de Cristo,
una comunidad de fe de la cual Cristo mismo es
la cabeza. La iglesia es la novia por la cual
Cristo murió con el fin de santificarla
y purificarla. Cuando vuelva triunfalmente, la
presentará a sí mismo, una iglesia
gloriosa, compuesta por los fieles de todas las
edades, comprados con su sangre, "la cual
no tendrá mancha ni arruga, ni cosa semejante".
Génesis 12:3: "Bendeciré a
los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré.
Y por medio de ti serán benditas todas
las familias de la tierra"
Hechos 7:38: Este es aquel Moisés que
estuvo en la congregación en el desierto
con el Ángel que le hablaba a él
y a nuestros padres en el monte Sinaí,
y que recibió las Palabras de vida para
darnos.
Efesios 1:22,23: Y Dios sometió todas
las cosas bajo sus pies, y lo constituyó
cabeza suprema de la iglesia, que es su cuerpo,
la plenitud del que llena todas las cosas en todos.
Efesios 2: 19-22: Así, ya no sois extraños
ni forasteros, sino conciudadanos con los santos,
miembros de la familia de Dios, edificados sobre
el fundamento de los apóstoles y de los
profetas, siendo la principal piedra del ángulo
Jesucristo mismo. En él, todo el edificio,
bien coordinado, va creciendo para ser un templo
santo en el Señor. En él vosotros
también sois edificados juntos, para la
morada de Dios en el Espíritu.
Efesios 3:8-11: Aunque soy menos que el menor
de todos los santos, me fue dada esta gracia de
anunciar entre los gentiles la insondable riqueza
de Cristo, y de aclarar a todos la dispensación
del misterio escondido desde los siglos en Dios,
que creó todas las cosas; para que la multiforme
sabiduría de Dios sea ahora notificada
por medio de la iglesia a los principados y potestades
de los cielos, conforme a su propósito
eterno, que cumplió en Cristo Jesús
nuestro Señor.
Efesios 4:11-15, 5:23-27: El mismo dio a unos
el ser apóstoles; a otros, profetas; a
otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros;
a fin de perfeccionar a los santos para desempeñar
su ministerio, para la edificación del
cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a
la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo
de Dios, a un estado perfecto, a la madurez de
la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños
fluctuantes, llevados por cualquier viento de
doctrina, por estratagema de hombres, que para
engañar emplean con astucia los artificios
del error; sino que, siguiendo la verdad en amor,
crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto
es, en Cristo, ... porque el esposo es la cabeza
de la mujer, así como Cristo es la cabeza
de la iglesia y Salvador del cuerpo. Así,
como la iglesia está sujeta a Cristo, así
también las casadas lo estén a sus
esposos en todo. Esposos, amad a vuestras esposas,
así como Cristo amó a la iglesia,
y se entregó así mismo por ella,
para santificarla y limpiarla en el lavado del
agua, por la Palabra, para presentarla para sí,
una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga, ni
cosa semejante; antes, que sea santa e inmaculada.
Mateo 16: 13-20: Respondió Simón
Pedro: "Tú eres el Cristo, el Hijo
del Dios viviente". Entonces, Jesús
le dijo: "¡Dichoso eres, Simón
hijo de Jonás; porque no te lo reveló
carne ni sangre, sino mi Padre que está
en los cielos! "También te digo, que
tú eres Pedro, y sobre esta Roca edificaré
mi iglesia, y las puertas de la muerte no prevalecerán
contra ella. "A ti te daré las llaves
del reino de los cielos; y todo lo que ates en
la tierra, habrá sido atado en los cielos;
y todo lo que desates en la tierra, habrá
sido desatado en los cielos". Entonces mandó
a sus discípulos que a nadie dijesen que
él era el Cristo.
Mateo 28:19,20: Por tanto, id y haced discípulos
en todas las naciones, bautizándolos en
el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo, enseñándoles que guarden
todo lo que os he mandado. Y yo estoy con vosotros
todos los días, hasta el fin del mundo
Colosenses 1:17,18: Porque Cristo existía
antes de todas las cosas, y todas las cosas subsisten
en él. El es la cabeza del cuerpo que es
la iglesia. El es el principio, el primogénito
de los muertos, para que en todo tenga la preeminencia.
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El remanente y su misión
La iglesia universal está compuesta de
todos los que creen verdaderamente en Cristo,
pero en los últimos días, que será
una época de extensa apostasía,
hay un remanente que ha sido llamado para guardar
los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.
Este remanente anuncia la llegada de la hora del
juicio, proclama la salvación por medio
de Cristo, y levanta su voz para anunciar la proximidad
de su segundo advenimiento. Esta proclamación
está simbolizada por los tres ángeles
de Apocalipsis 14; coincide con la obra de juicio
en el cielo y resulta en una obra de arrepentimiento
y reforma en la tierra. A todo creyente se lo
llama para que tenga una parte individual en el
testimonio mundial de la iglesia.
Apocalipsis 12:17: Entonces el dragón
se airó contra la mujer, y fue a combatir
al resto de sus hijos, los que guardan los Mandamientos
de Dios y tienen el testimonio de Jesús.
Apocalipsis 14:6-12: Entonces vi a otro ángel
que volaba por el cielo, con el evangelio eterno
para predicarlo a los que habitan en la tierra,
a toda nación y tribu, lengua y pueblo.
Decía a gran voz: ¡Reverenciad a
Dios y dadle honra, porque ha llegado la hora
de su juicio! Y adorad al que hizo el cielo y
la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
Un segundo ángel lo siguió, diciendo:
¡Ha caído, ha caído la gran
Babilonia!, porque ha dado a beber a todas las
naciones del vino del furor de su fornicación.
Y el tercer ángel los siguió diciendo
a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su
imagen, y recibe su marca en su frente o en su
mano, éste también beberá
del vino de la ira de Dios, vaciado puro en la
copa de su ira. Y será atormentado con
fuego y azufre ante los santos ángeles
y ante el Cordero. Y el humo de su tormento sube
para siempre jamás. Y los que adoran a
la bestia y a su imagen, y los que reciben la
marca de su nombre, no tienen reposo ni de día
ni de noche ¡Aquí está la
paciencia de los santos, los que guardan los Mandamientos
de Dios y la fe de Jesús!.
Apocalipsis 18:1-4: Después de eso vi
a otro ángel descender del cielo con gran
poder, y la tierra fue iluminada con su gloria.
Y clamó con potente voz: ¡Ha caído,
ha caído la gran Babilonia! Y se ha vuelto
habitación de demonios, guarida de todo
espíritu impuro, y albergue de toda ave
sucia y aborrecible. Porque todas las naciones
han bebido del vino del furor de su fornicación.
Los reyes de la tierra han fornicado con ella,
y los mercaderes de la tierra se han enriquecido
con su excesiva lujuria.
2 Corintios 5:10: Porque es necesario que todos
nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo
para que cada uno reciba según lo que haya
hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno
o malo.
Judas 3,14: Amados, gran solicitud tenía
de escribiros acerca de nuestra común salvación.
Sentí esa necesidad para alentaros a que
contendáis por la fe que una vez fue confiada
a los santos. Porque se han infiltrado algunos
hombres, que desde hace tiempo habían sido
ordenados para esta condenación. Hombres
impíos, que convierten en libertinaje la
gracia de nuestro Dios, y niegan a nuestro único
Soberano y Señor, a Jesucristo. Los rebeldes
serán destruidos. Aunque vosotros ya lo
sabéis, os recuerdo que el Señor,
después de haber sacado de Egipto al pueblo,
destruyó a los que no creyeron. También
a los ángeles que no guardaron su dignidad,
sino que abandonaron su propia morada, los ha
reservado en oscuridad, en prisiones eternas,
para el juicio del gran día. Asimismo,
Sodoma y Gomorra, y las ciudades vecinas, que
de la misma manera se entregaron a la fornicación
y a los vicios contra la naturaleza, sufrieron
el castigo del fuego eterno, y fueron puestas
por ejemplo. De igual modo estos alucinados, en
su delirio, contaminan su cuerpo, menosprecian
la autoridad, y blasfeman de las potestades superiores.
En cambio, ni aun el arcángel Miguel, cuando
contendía con el diablo, por el cuerpo
de Moisés se atrevió a pronunciar
un juicio de maldición contra él,
sino que sólo le dijo: El señor
te reprenda. Pero éstos maldicen lo que
no conocen, y en lo que conocen por instinto natural,
se corrompen como bestias brutas. ¡Ay de
ellos!, porque han seguido el camino de Caín,
por el lucro se lanzaron al error de Balaam, y
perecieron en la rebelión de Coré.
Estos son una deshonra en vuestras fiestas fraternales,
que banquetean juntos sin ningún recato,
pastores que sólo se apacientan a sí
mismos. Nubes sin agua, llevadas por los vientos
de acá para allá; árboles
marchitos como en otoño, sin fruto, desarraigados,
que mueren por segunda vez. Fieras ondas del mar,
que espuman su propia vergüenza; estrellas
errantes, reservadas a la oscuridad eterna de
las tinieblas. Enoc y el regreso de Cristo De
ellos también profetizó Enoc, séptimo
desde Adán, cuando dijo: "El Señor
viene con sus santos millares.
1 Pedro 1:16-19: Pues escrito está: "Sed
santos, porque yo soy santo. Si invocáis
por Padre a aquel que sin acepción de personas
juzga a cada uno según su obra, conducíos
con reverencia todo el tiempo de vuestra peregrinación.
2 Pedro 3:10-14: Pero el día del Señor
vendrá como ladrón. Entonces los
cielos desaparecerán con gran estruendo;
los elementos serán destruidos por el fuego,
y la tierra y todas sus obras serán quemadas.
Siendo que todo será destruido, ¿qué
clase de personas debéis ser en santa y
piadosa conducta, esperando y acelerando la venida
del día de Dios? En ese día los
cielos serán encendidos y deshechos, y
los elementos se fundirán abrasados por
el fuego.
Apocalipsis 21:1-14: Entonces vi un cielo nuevo
y una tierra nueva, porque el primer cielo y la
primera tierra habían desaparecido, y el
mar ya no existía más. Y yo, Juan,
vi la santa ciudad, la Nueva Jerusalén,
que descendía del cielo, de Dios, engalanada
como una novia para su esposo. Y oí una
gran voz del cielo que dijo: "Ahora la morada
de Dios está con los hombres, y él
habitará con ellos. Ellos serán
su pueblo, y Dios mismo estará con ellos,
y será su Dios. Y Dios enjugará
toda lágrima de los ojos de ellos. Y no
habrá más muerte, ni llanto, ni
clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron.
Entonces, el que estaba sentado en el trono dijo:
"Yo hago nuevas todas las cosas". Y
agregó: "Escribe, porque mis Palabras
son ciertas y verdaderas. Y me dijo: "Hecho
está. Yo Soy el Alfa y la Omega, el Principio
y el Fin. Al que tenga sed, le daré gratis
de la fuente del agua de la vida. El vencedor
tendrá esta herencia, y yo seré
su Dios, y él será mi hijo. "Pero
los cobardes e incrédulos, los abominables
y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los
idólatras y todos los mentirosos, tendrán
su parte en el lago que arde con fuego y azufre,
que es la segunda muerte. Maravillas de la Jerusalén
celestial. Entonces vino a mí uno de los
siete ángeles que tenían las siete
copas llenas de las siete últimas plagas,
y me dijo: "Ven, y te mostraré la
novia, la esposa del Cordero. Me llevó
en espíritu a un grande y alto monte, y
me mostró la gran ciudad santa, la Jerusalén
que descendía del cielo, de Dios. Resplandecía
con la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante
a una piedra preciosísima, como piedra
de jaspe, diáfana como el cristal. Tenía
una muralla grande y alta con doce puertas, y
a las puertas, doce ángeles. Y en las puertas
estaban escritos los nombres de las doce tribus
de Israel. Había tres puertas al oriente,
tres al norte, tres al sur y tres al occidente.
La muralla de la ciudad tenía doce fundamentos,
y en ellos el nombre de los doce apóstoles
del Cordero.
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La unidad en el cuerpo de Cristo
La iglesia es un cuerpo con muchos miembros,
llamados de toda nación, tribu, lengua
y pueblo. En Cristo somos una nueva creación;
las distinciones de raza, cultura, educación
y nacionalidad, así como las diferencias
entre posiciones elevadas y humildes, ricos y
pobres, varones y mujeres, no deben producir divisiones
entre nosotros. Somos todos iguales en Cristo,
el cual por un Espíritu nos ha unificado
en una comunión con él y los unos
con los otros; debemos servir y ser servidos sin
parcialidad ni reservas. Por medio de la revelación
de Jesucristo que presentan las Escrituras, compartimos
la misma fe y esperanza, y proyectamos un solo
testimonio ante todos. Esta unidad tiene su fuente
en la unidad del Dios tri-uno, el cual nos ha
adoptado como sus hijos.
Romanos 12:4,5: Porque así como en el
cuerpo tenemos muchos miembros, y no todos tienen
la misma función; así también
nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo,
y todos miembros los unos de los otros.
1 Corintios 12:12-14: Porque así como
el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, y todos
los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un
solo cuerpo, así también Cristo.
Porque por un Espíritu fuimos todos bautizados
en un cuerpo, sean judíos o griegos, siervos
o libres. Y a todos se nos dio a beber de un mismo
Espíritu. Además, el cuerpo no es
un solo miembro, sino muchos.
Mateo 28:19,20: Por tanto, id y haced discípulos
en todas las naciones, bautizándolos en
el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo, "enseñándoles que guarden
todo lo que os he mandado. Y yo estoy con vosotros
todos los días, hasta el fin del mundo"
Salmos 133:1: ¡Mirad cuán bueno
y agradable es que los hermanos habiten en unión
y armonía!
2 Corintios 5:16,17: De manera que de aquí
en adelante a nadie conocemos según la
carne. Y aun si a Cristo conocimos según
la carne, ya no lo conocemos así. Por lo
tanto, si alguno está en Cristo, es una
nueva creación. Las cosas viejas pasaron,
todo es nuevo.
Hechos 17:26,27: De uno solo hizo todo el linaje
de los hombres, para que habitaran en toda la
tierra. Y les ha fijado el orden de las estaciones,
y los límites de su residencia; para que
busquen a Dios, si tal vez, palpando lo puedan
hallar, pues no está lejos de ninguno de
nosotros.
Gálatas 3:27,29: porque todos los que
habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo
estáis revestidos...Y ya que sois de Cristo,
de cierto sois descendientes de Abrahán,
y conforme a la promesa, herederos.
Colosenses 3:10-15: y habiéndoos revestido
de la nueva naturaleza, que se renueva hasta el
conocimiento pleno, conforme a la imagen de su
creador; donde no hay griego ni judío,
circuncisión ni incircuncisión,
bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino
que Cristo es el todo, en todos. Por lo tanto,
como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos
de entrañable compasión, de benignidad,
humildad, mansedumbre y tolerancia. Soportaos
y perdonaos unos a otros, si alguno tuviera queja
del otro. De la manera que Cristo os perdonó,
así también hacedlo vosotros. Y
sobre todo, vestíos de amor, que es el
vínculo de la perfección. Y la paz
de Dios gobierne vuestro corazón, a la
que fuisteis también llamados en un solo
cuerpo. Y sed agradecidos.
Efesios 4:4-16: Hay un solo cuerpo, y un solo
Espíritu, como también fuisteis
llamados a una misma esperanza de vuestra vocación;
un Señor, una fe, un bautismo, un Dios
y Padre de todos, que está sobre todos,
por todos, y en todos. Sin embargo a cada uno
de nosotros le ha sido dada la gracia conforme
a la medida del don de Cristo. Por eso dice: "Cuando
subió a lo alto, llevó cautivos
consigo, y dio dones a los hombres. Y eso que
"subió", ¿qué es,
sino que también había descendido
primero a las regiones inferiores de la tierra?.
El que descendió es el mismo que también
subió sobre todos los cielos para llenar
todo el universo. El mismo dio a unos el ser apóstoles;
a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a
otros, pastores y maestros; a fin de perfeccionar
a los santos para desempeñar su ministerio,
para la edificación del cuerpo de Cristo,
hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe
y del conocimiento del Hijo de Dios, a un estado
perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo;
para que ya no seamos niños fluctuantes,
llevados por cualquier viento de doctrina, por
estratagema de hombres, que para engañar
emplean con astucia los artificios del error;
sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos
en todo en aquel que es la cabeza, esto es, en
Cristo, de quien todo el cuerpo, bien ajustado
y unido por todos los ligamentos que lo mantienen,
según la acción propia de cada miembro,
crece para edificarse en amor.
Efesios 4:1-6: Así, yo, preso en el Señor,
os ruego que andéis como es digno de la
vocación a que fuisteis llamados, con toda
humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos
unos a otros en amor; solícitos en guardar
la unidad del Espíritu en el vínculo
de la paz. Hay un solo cuerpo, y un solo Espíritu,
como también fuisteis llamados a una misma
esperanza de vuestra vocación; un Señor,
una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos,
que está sobre todos, por todos, y en todos.
Juan 17:20-23: No ruego sólo por ellos,
sino también por los que han de creer en
mí por la palabra de ellos. Para que todos
sean uno, como tú, oh Padre, en mí,
y yo en ti. Que también ellos sean uno
en nosotros, para que el mundo crea que tú
me enviaste. Yo les di la gloria que me diste,
para que sean uno, así como nosotros somos
uno. Yo en ellos, y tú en mí. Que
lleguen a ser perfectamente unidos, para que el
mundo conozca que tú me enviaste, y que
los amaste a ellos, así como me amaste
a mí.
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El bautismo
Por el bautismo confesamos nuestra fe en la muerte
y resurrección de Jesucristo, y testificamos
de nuestra muerte al pecado y de nuestro propósito
de caminar en un nuevo estilo de vida. De este
modo reconocemos que Cristo es nuestro Señor
y Salvador, llegamos a ser sus hijos y su pueblo,
y somos recibidos como miembros por su iglesia.
El bautismo es un símbolo de nuestra unión
con Cristo, el perdón de nuestros pecados
y nuestra recepción del Espíritu
Santo. Se efectúa por inmersión
en el agua, y depende de nuestra afirmación
de fe en Jesús y evidencia de arrepentimiento
del pecado. Sigue a la instrucción en las
Sagradas escrituras y la aceptación de
sus enseñanzas.
Romanos 6:1-6: ¿Qué diremos, pues?
¿Perseveraremos en pecado para que abunde
la gracia? ¡De ninguna manera! Porque los
que hemos muerto al pecado, ¿cómo
viviremos aún en él? ¿No
sabéis que todos los que hemos sido bautizados
en Cristo Jesús, hemos sido bautizados
en su muerte? Porque fuimos sepultados junto con
él para muerte por medio del bautismo,
a fin de que como Cristo resucitó de los
muertos por la gloria del Padre, así también
nosotros andemos en nueva vida. Porque así
como hemos sido unidos con él en una muerte
semejante a la suya, seremos unidos también
con él en su resurrección. Sabiendo
que nuestro viejo hombre fue crucificado junto
con él, para que el cuerpo del pecado sea
destruido, a fin de que no seamos más esclavos
del pecado.
Colosenses 2:12,13: Sepultados con él
en el bautismo, fuisteis también resucitados
con él, mediante la fe en el poder de Dios,
que lo levantó de los muertos. A vosotros,
que estabais muertos en pecados y en la incircuncisión
de vuestra carne, os dio vida con Cristo, y perdonó
todos vuestros pecados.
Hechos 2:38: Pedro contestó: "Arrepentíos,
y sed bautizados cada uno de vosotros en el Nombre
de Jesucristo para perdón de vuestros pecados.
Y recibiréis el don del Espíritu
Santo.
Hechos 16:30-33: Los sacó de allí,
y les dijo: Señores, ¿qué
debo hacer para ser salvo? Ellos respondieron:
"Cree en el Señor Jesucristo, y serás
salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la Palabra
del Señor a él y a todos los que
estaban en su casa. Y tomándolos en aquella
misma hora de la noche, el carcelero les lavó
las heridas de los azotes. Y en seguida fue bautizado
él y todos los suyos.
Hechos 22:16: Ahora pues, ¿qué
esperas? Levántate, bautízate, y
lava tus pecados, invocando su Nombre.
Mateo 28:19, 20: "Por tanto, id y haced
discípulos en todas las naciones, bautizándolos
en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo, enseñándoles que guarden
todo lo que os he mandado. Y yo estoy con vosotros
todos los días, hasta el fin del mundo.
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La cena del Señor
La Cena del Señor es la participación
de los emblemas del cuerpo y la sangre de Jesús
como una expresión de fe en él,
nuestro Señor y Salvador, y siguiendo su
clara enseñanza de practicar este rito.
En esta experiencia de Comunión, Cristo
está presente para encontrarse con su pueblo
y fortalecerlo. Al participar, proclamamos gozosos
la muerte del Señor hasta que él
vuelva, como él mismo enseñó.
La preparación para la Cena incluye el
examen de uno mismo, el arrepentimiento y la confesión.
El Maestro ordenó el servicio del lavamiento
de los pies para simbolizar la purificación
renovada, para expresar el deseo de servirnos
los unos a los otros en humildad cristiana, y
para unir nuestros corazones en amor. El servicio
de la Comunión está abierto para
todos los cristianos creyentes.
1 Corintios 10:16,17: La copa de bendición
que bendecimos, ¿no es la comunión
con la sangre de Cristo? El pan que partimos,
¿no es la comunión con el cuerpo
de Cristo?. Debido a que hay un solo Pan, nosotros,
que somos muchos, somos un solo cuerpo, porque
todos participamos de ese mismo Pan.
1 Corintios 11:23-30: Porque yo recibí
del Señor lo que también os enseñé:
Que el Señor Jesús, la noche que
fue entregado, tomó pan, y después
de dar gracias, lo partió, y dijo: "Tomad,
comed. Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido.
Haced esto en memoria de mí". De igual
modo, después de haber cenado, tomó
la copa, y dijo: "Esta copa es el nuevo pacto
en mi sangre. Cada vez que la bebáis, bebedla
en memoria de mí". Porque cada vez
que comáis este pan, y bebáis esta
copa, la muerte del Señor anunciáis
hasta que venga. Por eso, cualquiera que coma
este pan o beba esta copa del Señor indignamente,
será culpado del cuerpo y de la sangre
del Señor. Por tanto, pruébese cada
uno a sí mismo, y así coma de aquel
pan, y beba de aquella copa. Porque el que come
y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del
Señor, come y bebe juicio para sí.
Por eso hay muchos enfermos y debilitados entre
vosotros, y algunos han muerto.
Mateo 26: 17-30: En el primer día de la
fiesta del pan sin levadura, vinieron los discípulos
a Jesús, y le dijeron: ¿Dónde
quieres que preparemos para que comas la Pascua?.
El dijo: Id a la ciudad, a cierto hombre, y decidle:
El Maestro dice: Mi tiempo está cerca.
En tu casa celebraré la Pascua con mis
discípulos. Los discípulos hicieron
como Jesús les mandó, y prepararon
la Pascua. Al atardecer, Jesús se sentó
a la mesa con los doce. Y mientras comían,
les dijo: "Os aseguro que uno de vosotros
me ha de entregar. Ellos se entristecieron en
gran manera, y uno por uno empezaron a preguntarle:
Soy yo, Señor?. Entonces él respondió:
"El que ha mojado el pan conmigo en el plato,
ése me va a entregar. Como está
escrito, el Hijo del Hombre se va, pero, ¡ay
de aquel que entrega al Hijo del Hombre! A ése
mejor le valdría no haber nacido. Entonces
Judas, que lo iba a entregar, preguntó:
"¿Soy yo, Maestro?" Jesús
respondió: Sí. Eres tú. Y
mientras comían, Jesús tomó
el pan, lo bendijo, y lo partió. Dio a
sus discípulos, y dijo: Tomad, comed. Esto
es mi cuerpo. Luego tomó la copa, dio gracias,
y la pasó, diciendo: Bebed de ella todos.
Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que
va a ser vertida en favor de muchos, para el perdón
de los pecados. Y os digo, que no beberé
más de este fruto de la vid, hasta aquel
día cuando he de beber vino nuevo con vosotros,
en el reino de mi Padre. Y después de cantar
un himno, salieron al monte de los Olivos
Apocalipsis 3:20: Yo estoy a la puerta y llamo.
Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré
a su casa, y cenaré con él, y él
conmigo.
Juan 6:48-63: Yo Soy el pan de vida. Vuestros
padres comieron el maná en el desierto,
sin embargo murieron. Este es el pan que desciende
del cielo, para que quien coma de él, no
muera. Yo Soy el pan vivo que descendió
del cielo. El que come de este pan, vivirá
para siempre. El pan que daré por la vida
del mundo es mi carne. Entonces los judíos
contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo
puede este hombre darnos a comer su carne?. Jesús
les dijo: Os aseguro: A menos que comáis
la carne del Hijo del Hombre, y bebáis
su sangre, no tendréis vida en vosotros.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida
eterna. Y yo lo resucitaré en el último
día. Porque mi carne es verdadera comida,
y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi
carne y bebe mi sangre, permanece en mí,
y yo en él. Así como el Padre viviente
me envió, y yo vivo por el Padre, así
el que me come, también vivirá por
mí. Este es el pan que descendió
del cielo. No como el que comieron vuestros padres,
y murieron. El que come de este pan, vivirá
eternamente. Esto dijo Jesús, enseñando
en la sinagoga de Capernaum. Al oírlo,
muchos de sus discípulos dijeron: Este
lenguaje es duro. ¿Quién lo puede
aceptar?. Sabiendo Jesús en su interior
que sus discípulos murmuraban, les dijo:
¿Esto os ofende?. ¿Qué pasaría
si vierais al Hijo del Hombre que sube adonde
estaba antes?. El Espíritu es el que da
vida, la carne nada aprovecha. Las palabras que
yo os he hablado son espíritu y son vida.
Juan 13:1-17: Antes de la fiesta de la Pascua,
sabiendo Jesús que había llegado
su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo
amado a los suyos que estaban en el mundo, los
amó hasta lo sumo. Cuando cenaban, el diablo
ya había incitado a Judas, hijo de Simón
Iscariote, a que lo entregase. Jesús sabía
que el Padre había puesto todas las cosas
en sus manos, que había salido de Dios,
y a Dios volvía. Así, se levantó
de la cena, se quitó su manto, y tomando
una toalla se ciñó con ella. Luego
puso agua en una vasija, y empezó a lavar
los pies de los discípulos, y a secarlos
con la toalla con que estaba ceñido. Cuando
llegó a Simón Pedro, éste
le dijo: Señor, ¿tú lavarme
los pies a mí?. Respondió Jesús:
Lo que hago, no lo entiendes ahora, pero lo entenderás
después. Pedro le dijo: ¡No me lavarás
los pies jamás! Respondió Jesús:
Si no te lavo, no tendrás parte conmigo.
Simón Pedro respondió: Señor,
no sólo mis pies, sino aún las manos
y la cabeza. Replicó Jesús: El que
está bañado, sólo necesita
lavar los pies, porque está todo limpio.
Vosotros estáis limpios, aunque no todos.
Porque sabía quién lo iba a entregar.
Por eso dijo: No todos estáis limpios.
Después que les hubo lavado los pies, se
puso su manto, volvió a sentarse a la mesa,
y les preguntó: ¿Sabéis lo
que os he hecho?. Vosotros me llamáis 'Maestro'
y 'Señor'. Y decís bien, porque
lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro,
he lavado vuestros pies, vosotros también
debéis lavar los pies, los unos a los otros.
Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho,
vosotros también hagáis. Os aseguro:
El siervo no es mayor que su señor, ni
el enviado mayor que el que lo envió. Ahora
que sabéis esto, seréis dichosos
si lo hacéis.
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Dones y ministerios espirituales
Dios concede a todos los miembros de su iglesia
en todas las edades, dones espirituales, los cuales
cada miembro debe usar en el ministerio de amor
para el bien común de la iglesia y de la
humanidad. Dados por la agencia del Espíritu
Santo, el cual reparte a cada miembro según
su voluntad, los dones proveen todas las capacidades
y ministerios que necesita la iglesia para cumplir
sus funciones divinamente ordenadas. Según
las Escrituras, dichos dones incluyen los ministerios
de la fe, sanidad, profecía, proclamación,
enseñanza, administración, reconciliación,
compasión, servicio abnegado y caridad,
para ayuda y apoyo a la iglesia y a la comunidad.
Algunos miembros son llamados por Dios y capacitados
por el Espíritu para realizar funciones
reconocidas por la iglesia en ministerios tales
como el pastoral, evangelísticos, apostólicos
y de enseñanza, los cuales se necesitan
especialmente para equipar a los miembros para
el servicio, para edificar la iglesia hasta la
madurez espiritual, y con el fin de promover la
unidad de la fe y del conocimiento de Dios. Cuando
los miembros usan estos dones espirituales como
fieles mayordomos de la multiforme gracia de Dios,
la iglesia se ve protegida de la influencia destructora
de las falsas doctrinas, crece con el crecimiento
que viene de Dios, y se ve fortalecida en la fe
y en el amor.
Romanos 12.4-8: así también nosotros,
siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos
miembros los unos de los otros. Y tenemos diferentes
dones según la gracia que nos es dada.
Si alguno tiene el don de profecía, úselo
conforme a la medida de la fe. Si es de servicio,
úselo en servir; el que enseña,
en enseñar; el que exhorta, en animar;
el que reparte, hágalo generosamente; el
que preside, con solicitud; el que hace misericordia,
con alegría.
1 Corintios 12:9-11,27,28: a otro, fe por el
mismo Espíritu; a otro, don de sanidad
por el mismo Espíritu; a otro, operación
de milagros; a otro, profecía; a otro,
discernimiento de espíritus; a otro, diversidad
de lenguas; y a otro, interpretación de
lenguas. Pero todas estas cosas, las efectúa
uno y el mismo Espíritu, y reparte a cada
uno en particular como él quiere. ... Vosotros,
pues, sois el cuerpo de Cristo, y cada uno de
vosotros es parte de él. Así los
puso Dios en la iglesia, primero apóstoles,
segundo profetas, tercero maestros, después
operadores de milagros, después dones de
sanidad, los que ayudan, los que administran,
los que tienen don de lenguas.
Efesios 4:8,11-16: Por eso dice: Cuando subió
a lo alto, llevó cautivos consigo, y dio
dones a los hombres. ... El mismo dio a unos el
ser apóstoles; a otros, profetas; a otros,
evangelistas; y a otros, pastores y maestros;
a fin de perfeccionar a los santos para desempeñar
su ministerio, para la edificación del
cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a
la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo
de Dios, a un estado perfecto, a la madurez de
la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños
fluctuantes, llevados por cualquier viento de
doctrina, por estratagema de hombres, que para
engañar emplean con astucia los artificios
del error; sino que, siguiendo la verdad en amor,
crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto
es, en Cristo, de quien todo el cuerpo, bien ajustado
y unido por todos los ligamentos que lo mantienen,
según la acción propia de cada miembro,
crece para edificarse en amor.
Hechos 6:1-7: En esos días, como crecía
el número de los discípulos, los
creyentes griegos se quejaron contra los hebreos,
de que sus viudas eran descuidadas en la asistencia
diaria. Entonces, los doce convocaron a la multitud
de los discípulos, y dijeron: "No
es bueno que nosotros descuidemos el ministerio
de la Palabra de Dios, para servir a las mesas.
Por tanto, hermanos, elegid de entre vosotros
a siete hombres de buen testimonio, llenos del
Espíritu Santo y de sabiduría, a
quienes encarguemos este trabajo. Y nosotros persistiremos
en la oración y en el ministerio de la
Palabra. La propuesta agradó a toda la
multitud. Y eligieron a Esteban, hombre lleno
de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a
Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas
y a Nicolás, prosélito de Antioquía.
A éstos presentaron ante los apóstoles,
quienes orando les impusieron las manos. Y la
Palabra del Señor crecía, y el número
de los discípulos se multiplicaba mucho
en Jerusalén. Incluso gran cantidad de
sacerdotes obedecía a la fe.
1 Timoteo 3:1-13: Palabra fiel: Si alguno aspira
al cargo de obispo, buena obra desea. Es necesario
que el obispo sea irreprensible, esposo de una
sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador,
apto para enseñar; no dado al vino, ni
violento; sino amable, conciliador, no codicioso
del dinero, que gobierne bien su casa, que tenga
sus hijos en sujeción con toda dignidad.
Porque el que no sabe gobernar su propia casa,
¿cómo cuidará la iglesia
de Dios? No un neófito, para que no se
envanezca y caiga en la condenación del
diablo. También es necesario que tenga
buen testimonio de los de afuera, para que no
caiga en afrenta y en lazo del diablo. Los diáconos
también deben ser respetables, sin doblez,
no dados a mucho vino, ni codiciosos de ganancias
deshonestas; que mantengan el misterio de la fe
con limpia conciencia. Estos también deben
ser antes probados; y si son irreprensibles, que
entonces ministren. Del mismo modo, las mujeres
deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias,
fieles en todo. Los diáconos sean esposos
de una sola mujer, que gobiernen bien a sus hijos
y su casa. Los que ejercen bien el diaconado,
ganan para sí honra y mucha seguridad en
la fe que es en Cristo Jesús.
1 Pedro 4:10,11: Cada uno ponga al servicio de
los demás el don que ha recibido, dispensando
fielmente las diferentes gracias de Dios. Si alguno
habla, hable conforme a las Palabras de Dios.
Si alguno ministra, ministre conforme a la virtud
que da Dios, para que en todo, él sea glorificado
por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y
el imperio por los siglos de los siglos
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El don de profecía
Uno de los dones del Espíritu Santo es
la profecía. Este don constituye un rasgo
que identifica a la iglesia remanente y se manifestó
en el ministerio de Elena G. de White. Por haber
sido la mensajera del Señor, sus escritos
proveen una fuente de verdad perdurable y autoritaria,
que provee para la iglesia consuelo, conducción,
instrucción y corrección. Además,
hacen claro el hecho de que la Biblia es la regla
con la cual se debe probar toda enseñanza
y experiencia: Joel 2:28,29; Hechos 2:14-21; Hebreos
1:1-3; Apocalipsis 12:17; 19:10.
Joel 2:28,29: Después de esto, derramaré
mi Espíritu sobre toda carne. Vuestros
hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos
tendrán sueños, y vuestros jóvenes
verán visiones. Hasta sobre los siervos
y las siervas derramaré mi Espíritu
en aquellos días.
Hechos 2:14-21: Entonces Pedro, se puso de pie
con los once, levantó su voz, y les dijo:
"Judíos y habitantes de Jerusalén,
prestad atención, y que esto sea claro.
Estos hombres no están ebrios, como suponéis,
siendo que es la hora tercera del día (9
de la mañana); sino que esto es lo que
anunció el profeta Joel: En los últimos
días —dice Dios—, derramaré
mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros
hijos e hijas profetizarán, vuestros jóvenes
verán visiones, vuestros ancianos soñarán
sueños. Hasta sobre mis siervos y siervas
en aquellos días derramaré mi Espíritu,
y profetizarán. Y haré prodigios
arriba en el cielo, señales abajo en la
tierra, sangre, fuego y vapor de humo. El sol
se volverá en tinieblas, y la luna en sangre,
antes que venga el día del Señor,
grande y manifiesto. Y todo el que invoque el
Nombre del Señor, será salvo.
Hebreos 1:1-3: En el pasado, Dios habló
muchas veces y de muchas maneras, a nuestros padres
mediante los profetas. Pero en estos últimos
días nos habló por el Hijo, a quien
constituyó heredero de todo, por medio
de quien hizo los mundos. El Hijo es el resplandor
de su gloria, la misma imagen de su ser real,
el que sostiene todas las cosas con su poderosa
Palabra. Después de efectuar la purificación
de nuestros pecados, se sentó a la diestra
de la Majestad en las alturas.
Apocalipsis 12:17; 19:10: Entonces el dragón
se airó contra la mujer, y fue a combatir
al resto de sus hijos, los que guardan los Mandamientos
de Dios y tienen el testimonio de Jesús.
... Yo me postré a sus pies para adorarlo.
Y él me dijo: No hagas eso. Yo soy siervo
como tú y como tus hermanos que se atienen
al testimonio de Jesús. ¡Adora a
Dios! Porque el testimonio de Jesús es
el espíritu de profecía.
El
Don de Profecía
manifestado en Elena G. de White
Biografía
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